En las esporádicas ocasiones que se daba espacio para salir de su ensimismamiento, D.S. solía admirar las flores, no silvestres, sino en puestos. No apreciaba tanto su belleza como su brevedad. Era un placer eminetemente visual, según creía, sin embargo las fragancias le mantenían ahí más de lo que hubiese podido percibir. Y aceptar.
De vez en cuando, D.S. jugaba con las palabras, las volteaba y reordenaba, no obstante, al darse cuenta las borraba y volvía a sí.
Raramente salía de noche. Sus aventuras se limitaban a permitirse hacer juegos mentales de los que se esforzaba por olvidar y a esperar, esperar el cambio. Porque D.S. gustaba de ver cambios: de días, de horas, de turnos, de personas, uno tras otro.
Cada que dormía temía, no por la posibilidad de morir en su sueño, sino por la certeza de despertar de nuevo. Cada día más cerca que el anterior. Cuando le atacaba la falta de sueño sentía que estaba invadiendo un lugar en el que no debía estar. Percibía amenazas nocturnas, peligros y enemigos que le empujaban a alejarse... no le querían.. sabía a Quién querían. Contaba en ciclos reversos: 47, 53, 59, 61, 67, 71, 73, 79, sabiendo que usurpaba Su lugar, hasta que finalmente cedía.. tenía el vago referente de que todo había sido mejor ahí, pero ya no lo recordaba, ahora era su turno.
Un día más.
D.S. solía beber a sorbos, repudiaba la idea de que algo ocupase su boca y pensamiento por largos periodos. Comía despacio y contaba cada bocado. Caminaba ladeandose y tarareaba en silencio. No le gustaba que le viesen ni le escuchasen. No veía a nadie ni nadie le veía. Lustraba sus zapatos diariamente, y dedicaba un minuto al día a pensar algo que estuviera a punto de olvidar.
Inhalaba y exhalaba cada vez más rítmicamente. Se preciaba de sus ciclos perfectos.
D.S. se despertó esa mañana con una curiosa sensación de algo diferente.... al parecer esta vez, Alguien había decidido no irse.
Le vió y Le sonrió.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada