viernes, agosto 17, 2012
Desdicha
Un día comprendió cómo sus brazos eran solamente de nubes;
Imposible con nubes estrechar hasta el fondo un cuerpo, una fortuna.
La fortuna es redonda y cuenta lentamente estrellas del estío.
Hacen falta unos brazos seguros como el viento, y como el mar un beso.
Pero él con sus labios,
Con sus labios no sabe sino decir palabras; Palabras hacia el techo,
Palabras hacia el suelo,
Y sus brazos son nubes que transforman la vida en aire navegable.
Luis Cernuda.
Te quiero
De nuevo lo pongo aquí porque me gusta mucho. Buen fin.
Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena. O iracundo como órgano tempestuoso.
Te lo he dicho con el sol,
que dora cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes.
Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo, tristezas fugitivas.
Te lo he dicho con las plantas, leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino.
Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela en un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.
Luis Cernuda.
Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena. O iracundo como órgano tempestuoso.
Te lo he dicho con el sol,
que dora cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes.
Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo, tristezas fugitivas.
Te lo he dicho con las plantas, leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino.
Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela en un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.
Luis Cernuda.
viernes, agosto 10, 2012
Placeres palatables
Estoy experimentando con la masa de hojaldre, espero que alguna de mis pruebas funcione, y logre eventualmente hacer el pay, empanada o paste perfecto. Mientras tanto sigo echando a perder y combinando frutas, a ver cuál queda. Ahora intento pasar del pay de manzana y los hojaldres salados y lograr lo indecible: un pay de guayaba con queso y en hojaldre, perfectamente equilibrado.
La repostería es de mis poquísimos pasatiempos. Al igual que me pasa con las colecciones (sólo tengo dos, una de cajas y otra de guías turísticas) les pierdo el interés con notable facilidad. .
Pero a la repostería, junto con el cuidado de las plantas (que me niego a llamar horticultura, disto mucho de ser tal), el hacer rompecabezas y el (ver) diseño gráfico me gusta dedicarles mi tiempo libre y, en el caso de la repostería, disfruto pensando en posibles fórmulas que potencien el sabor y textura. Al final veo que ni siquiera es para consumo propio, regalo (o tiro, ejem) la mayoría de mis pruebas, sino por el placer de hacerlo. Hace un año logré el pastel de chocolate perfecto (en sabor) horrendo de apariencia. El secreto fue nada más ni nada menos que la miel de maple, aunque antes probé con mermelada, azúcar glass, varias medidas de Royal y chocolates de distintas consistencias. Este año intentaré perfeccionar su apariencia y mantener el delicioso sabor, pero más aún, me concentraré en lograr un pay de guayaba digno de la mismísima Nigella Lawson.
Mis contados placeres palatables.
La repostería es de mis poquísimos pasatiempos. Al igual que me pasa con las colecciones (sólo tengo dos, una de cajas y otra de guías turísticas) les pierdo el interés con notable facilidad. .
Pero a la repostería, junto con el cuidado de las plantas (que me niego a llamar horticultura, disto mucho de ser tal), el hacer rompecabezas y el (ver) diseño gráfico me gusta dedicarles mi tiempo libre y, en el caso de la repostería, disfruto pensando en posibles fórmulas que potencien el sabor y textura. Al final veo que ni siquiera es para consumo propio, regalo (o tiro, ejem) la mayoría de mis pruebas, sino por el placer de hacerlo. Hace un año logré el pastel de chocolate perfecto (en sabor) horrendo de apariencia. El secreto fue nada más ni nada menos que la miel de maple, aunque antes probé con mermelada, azúcar glass, varias medidas de Royal y chocolates de distintas consistencias. Este año intentaré perfeccionar su apariencia y mantener el delicioso sabor, pero más aún, me concentraré en lograr un pay de guayaba digno de la mismísima Nigella Lawson.
Mis contados placeres palatables.
